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2010-05-09
Hace unos días llegamos de una convivencia de profes en los lugares de Don Bosco, en el norte de Italia, en Turín. Una experiencia que ha merecido la pena vivir.
De Don Bosco pueden sorprender muchas cosas, pero a nosotras nos ha calado, su capacidad para trabajar en red. Su saber ver, más allá de las apariencias, las miserias del Turín industrial, su saber sentir con el chico que iba a la horca por robar sabe Dios qué para poder comer, su saber buscar y pedir ayuda allá donde hiciera falta por el bien de sus chicos. Y sobre todo, su ser educador, no por lo que enseñara, sino por cómo lo vivía, “la educación es cosa del corazón” decía. Como educadoras, nos sentimos herederas de un carisma, que hace más de ciento cincuenta años sobrepasó los límites de Valdocco para ser vivido, compartido y extendido por todo el mundo.
Autor: JN
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